Islas de calor: cuando la falta de planificación eleva la temperatura de las ciudades
Las islas de calor evidencian la necesidad de planificar las ciudades con una mirada sistémica. Fraunhofer Chile desarrolla herramientas basadas en datos para apoyar decisiones que permitan anticipar y mitigar sus efectos.
El cambio climático y el alza de las temperaturas se han vuelto un problema constante con el paso de los años, generándose fenómenos como las llamadas islas de calor. Estas se originan cuando ciertas áreas de una urbe presentan temperaturas significativamente más altas que otras o que sus alrededores rurales.
Las razones radican, principalmente en la acción humana, la morfología urbana, la concentración de asfalto y hormigón - que absorben el calor para luego irradiarlo- y a la falta de vegetación. También la actividad diaria del ser humano, como el uso de vehículos, los sistemas de aire acondicionado, la presencia de industrias o los electrodomésticos contribuyen al aumento de las temperaturas.
Aquello representa un desafío para la resiliencia de las ciudades. En Chile, estudios han determinado que en el Gran Santiago la distribución de calor es desigual entre sus comunas. Así lo explica el ingeniero investigador de Fraunhofer Chile, Cristóbal Doña. “La mayoría de los grandes edificios se concentran en Santiago, y se ha identificado que es en las zonas industriales, principalmente Huechuraba y Quilicura, donde hay una mayor diferencia de temperatura, alcanzando —e incluso, superando— los 5 grados Celsius”.
La presencia de áreas verdes es importante, pues mitiga el fenómeno. Por esta razón, en comunas con mayor vegetación, como Las Condes y Vitacura, la diferencia de temperatura suele ser menor. Esto también se debe a que están más cerca de la Cordillera de Los Andes, con vientos que circulan en distinta dirección.
Un análisis satelital de los últimos diez años realizado por Corporación Ciudades (2023) identificó que las comunas con mayor exposición al calor son: Quilicura, Renca, Pudahuel, Cerro Navia, Conchalí, Lo Prado, Estación Central, Lo Espejo, Cerrillos y Pedro Aguirre Cerda. “Hay un factor socioeconómico, pues este fenómeno tiende a afectar más a zonas de bajos recursos, lo que responde a la pérdida de vegetación, el predominio del asfalto y el hormigón”, dice Doña.
Planificación urbana para bajar la temperatura
Una forma eficiente de evitar o mitigar este fenómeno es decidir de manera estratégica al momento de construir: dónde, cómo y para qué. Esto implica considerar quiénes habitan o circulan en la zona y, en definitiva, qué impactos tendrá en el entorno la instalación de edificios, calles o cualquier obra que se quiera realizar. Esta mirada sistémica del territorio es fundamental para anticipar y reducir los efectos de las islas de calor.
“La planificación territorial es clave. La mayor cantidad de problemas relacionados con el calor se pueden evitar si es que uno planifica bien una ciudad y considera las temperaturas que podría haber a futuro, la morfología, los materiales e incluso los colores de los edificios —los claros reflejan mejor la radiación— o las zonas verdes que tendrá un espacio urbano”, señala Cristóbal Doña.
Estas consideraciones son más económicas y fáciles de implementar cuando una zona zona se encuentra en etapa de planificación, en lugar de hacer modificaciones posteriores –más complejas y costosas- cuando un área de la ciudad ya se encuentra operando bajo una isla de calor.
Fraunhofer Chile Research