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Chile y su “loca geografía”: una mirada a la descentralización energética como motor del desarrollo productivo local

El potencial de Chile no radica únicamente en la abundancia de recursos renovables, sino en su capacidad para conectarlos inteligentemente. Una perspectiva integral de los territorios permitiría que la transición energética sea también una estrategia de desarrollo productivo, innovación tecnológica y resiliencia local.

 

Chile tiene una gran diversidad de ecosistemas. Según un estudio publicado en la revista Nature en 2023 el país abarca 88 de los 110 tipos de los ecosistemas presentes en el planeta.

Esta riqueza no solo constituye un patrimonio natural, sino también la base de vocaciones energéticas y productivas diferenciadas a lo largo del país. El mar, los bosques, el desierto, los ríos, las reservas de agua dulce y los vientos australes, entre otros, ofrecen oportunidades de desarrollo con valor agregado. Bien gestionados, podrían posicionar a Chile como un referente mundial en producción de energía limpia, tecnologías climáticas y nuevas industrias sostenibles.

Como ejemplo, el norte aprovecha la alta radiación del desierto de Atacama para la generación solar, mientras que la macrozona sur utiliza sus recursos hídricos y eólicos para desarrollar centrales hidroeléctricas (actualmente de menor escala) y parques eólicos. En tanto, las tecnologías de biomasa destacan por su eficiencia y sostenibilidad; sin embargo, su consolidación depende de superar diversos desafíos técnicos, operativos y logísticos para optimizar su rendimiento y maximizar su potencial de reemplazo de combustibles fósiles.

De ecosistemas naturales a ecosistemas productivos regionales

A pesar de la riqueza de sus recursos naturales, aún hay fuentes de energía limpia que no han sido aprovechadas en todo su potencial y que traerían grandes beneficios a nivel local en Chile. “Las regiones podrían alcanzar mayores niveles de autonomía energética si maximizaran sus propios recursos y redujeran su dependencia a una matriz altamente centralizada. Y si acercamos la generación a los centros de consumo, el sistema sería más resiliente frente a contingencias, señala Marco Vaccarezza, Head of New Technologies de Fraunhofer Chile.

La generación descentralizada de energía limpia también puede tener efectos positivos sobre las economías locales, impulsando inversión, empleo e innovación, transformándose en un motor de desarrollo productivo, innovación tecnológica y resiliencia local.

“Esto requiere una visión sistémica de los territorios que sea capaz de identificar las necesidades energéticas, los recursos disponibles y las ventajas competitivas de cada zona. Hoy, se requiere levantar todas las demandas energéticas: transporte, calefacción, electricidad, procesos industriales, entre otras, y abordarlas de manera integrada para a partir de ahí, determinar cuáles son las soluciones tecnológicas que generan sinergia en cada zona geográfica. Además, la incorporación de sistemas de gestión inteligentes (IA aplicada a sistemas energéticos), permitiría operar de forma muy eficiente los sistemas distribuidos”, añade Vaccarezza.

Y junto con estas sinergias – agrega– “es esencial fortalecer los ecosistemas de innovación local, articulando a la academia, a la industria y el sector público, de modo que la transferencia tecnológica responda a los desafíos específicos de cada territorio”.

ECOSISTEMAS REGIONALES

El mayor potencial de la transición energética surge cuando la energía se integra con las actividades productivas, los desafíos ambientales y sociales de un territorio. Acá algunos ejemplos de las oportunidades en desarrollo o que podrían desarrollarse en las regiones de Chile.

1. Norte Grande: energía solar, minería circular y minerales críticos

El potencial de la generación solar fotovoltaica y termosolar en Arica y Parinacota, Tarapacá y Antofagasta es una ventaja que puede integrarse directamente con la minería, la desalación, la producción de agua industrial y el desarrollo de hidrógeno verde y sus derivados, como amoníaco, metanol y combustibles sintéticos.

La electricidad renovable puede reducir la huella de carbono de procesos mineros intensivos en energía, tales como concentración, bombeo y desalación. A la vez, salmueras, relaves y otros subproductos mineros podrían valorizarse mediante investigación y tecnología para recuperar litio, cobre, molibdeno, tierras raras y otros minerales críticos para la transición energética.

Consumos energéticos difíciles de electrificar, tales como transporte de carga de larga distancia, maquinaria pesada, transporte marítimo y aéreo, pueden ser descarbonizados mediante combustibles sintéticos derivados desde hidrógeno verde solar.

2. Zona central: residuos urbanos, calor industrial y biocombustibles

Las regiones de Valparaíso, Metropolitana, O’Higgins, Maule y Ñuble concentran población, industria, agricultura y grandes volúmenes de residuos. Esto crea condiciones favorables para desarrollar sistemas de valorización energética (Waste-to-Energy), combinando separación en origen, digestión anaeróbica de residuos orgánicos, captura de gases de rellenos sanitarios y producción de biocombustibles a partir de biomasa, junto con otras opciones, tales como reproceso de aceites usados, (HVO).

Redes de calefacción y refrigeración distrital podrían utilizar el calor residual de industrias, plantas de tratamiento de aguas servidas, centros de datos o instalaciones logísticas abasteciendo viviendas, hospitales, universidades, edificios públicos y parques industriales. 

3. Biobío, La Araucanía y Los Ríos: biomasa avanzada, industria forestal y bioeconomía

Con una sólida base forestal, agrícola e industrial, la oportunidad está en utilizar de forma sostenible residuos forestales, subproductos de aserraderos, cortezas, lodos industriales, residuos agrícolas.

Estos recursos pueden usarse en plantas de cogeneración de electricidad y calor, redes de calefacción distrital, producción de pellets de alta calidad, captura de carbono, y biocombustibles avanzados para sectores difíciles de electrificar.

La articulación entre agricultura, ganadería, industria alimentaria y gestión forestal puede impulsar el biogás, fertilizantes orgánicos y energía térmica local.

Además, en toda la zona centro-sur del país existe un importante potencial de energía hidráulica, que históricamente se aprovechó en base a grandes embalses, (Rapel, Colbún, Antuco, Ralco, etc.). Dada la complejidad de desarrollar nuevos proyectos de esta envergadura, surge la posibilidad de impulsar proyectos mini-hidro, centrales hidráulicas de pasada, aprovechando cursos naturales o bien canales de regadío artificiales.

4. Los Lagos: algas, ganadería, acuicultura y economía circular costera

La región tiene un gran potencial para consolidar polos de innovación en economía azul, integrando acuicultura, pesca, procesamiento de alimentos y energía renovable. Los residuos de la salmonicultura y la agricultura se podrían transformar en biogás y fertilizantes. Además, el desarrollo de una industria de macroalgas de alto valor agregado podría generar biofertilizantes, suplementos alimenticios y polímeros, utilizando el calor residual industrial para sus procesos de secado.

5. Aysén y Magallanes: energía marina, eólica e hidrógeno verde

Caracterizadas por vientos de clase mundial y extensos fiordos, estas regiones son ideales para el desarrollo de energía marina (mareomotriz y undimotriz) que abastezca a comunidades costeras aisladas. En Magallanes, el viento es el motor para proyectar una sólida industria de hidrógeno verde que beneficie directamente a la logística y los servicios locales. Por su parte, Aysén podría implementar microrredes híbridas inteligentes (combinando viento, sol, biomasa y energía marina) para disminuir drásticamente su dependencia histórica del diésel.