La primera etapa del proyecto consiste en reunir y procesar grandes volúmenes de información territorial y energética, proveniente de instituciones públicas, como datos tabulares, reportes, censos y capas georreferenciadas sobre infraestructura, distribución demográfica, actividad económica y condiciones territoriales. También incorpora entrevistas y trabajo de campo.
Aquí entran en juego los Sistemas de Información Geográfica que, según explica Fuentes, agregan un nuevo nivel de complejidad al análisis, necesario para evaluar distintos tipos de iniciativas. “Los GIS pueden entregar información sobre áreas protegidas, zonas de uso industrial, espacios donde no se puede construir o terrenos que presentan desniveles. Esto permite evaluar, entre otras cosas, la factibilidad de implementar proyectos en el contexto actual, así como reducir riesgos asociados a inundaciones, impactos ambientales u otras restricciones”.
Estos datos se procesan con herramientas de machine learning y alimentan modelos capaces de generar mapas detallados de demanda y oferta energética, además de proyectar escenarios futuros. “Trabajamos con infraestructura especializada para almacenar, organizar y relacionar grandes volúmenes de información. La clave no es solo disponer de datos, sino que puedan dialogar entre sí y convertirse en información útil para la planificación”, comenta Fuentes.
Fraunhofer Chile Research