Proyecto apuesta por armonizar una mayor biodiversidad de plantas y abejas nativas con la productividad de huertos comerciales de la Región Metropolitana

oct 05, 2020

La iniciativa busca elaborar protocolos de polinización y manejo de huertos que promuevan la conservación de la biodiversidad en condiciones de variación climática y escasez de agua.

© Fraunhofer – CSB
Árboles de almendro en flor, huerto en Melipilla.
© Fraunhofer – CSB
Investigadoras del proyecto (de izquierda a derecha y de arriba a abajo): Sharon Rodríguez, Laura Pérez e Isabel Acuña.
Trampa instalada en huerto de cerezos, Melipilla

La primavera ya está aquí y no solo se nota por la agradable temperatura de cada tarde. Lo evidencia también el constante zumbido que se escucha en algunos huertos, donde decenas de abejas vuelan de flor en flor buscando néctar y polen.

“Si hay abejas, claramente tendremos mejor producción y de mejor calidad, porque este cultivo necesita polinización y es el trabajo que ellas hacen”, comenta Adolfo Ávalos, agricultor y dueño de un huerto de almendros en la comuna de Paine.

Don Adolfo, junto con agricultores de las comunas de Melipilla, Calera de Tango e Isla de Maipo, todas ubicadas en la Región Metropolitana, participan del proyecto “Polinización Sostenible: Adaptación al cambio climático para la producción de fruta en Chile”, liderado por investigadoras del área Agro, Alimentos e Ingredientes del Centro de Biotecnología de Fraunhofer Chile, en colaboración con la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA).

La iniciativa financiada por el programa Bienes Públicos con Adaptación al Cambio Climático, de Corfo, apunta a elaborar protocolos de polinización que promuevan la conservación y generación de paisajes agrícolas de alta biodiversidad. “Esto requiere implementar prácticas sustentables de manejo de los huertos y su entorno, que finalmente deriven en el aumento de productividad frutícola”, explica Sharon Rodríguez, investigadora de Fraunhofer Chile y directora del proyecto.

Laura Pérez, investigadora de la misma institución, explica que seleccionaron seis huertos: dos por cada cultivo en estudio, que corresponden a almendro, cerezo y palto, para evaluar cuál es el aporte del paisaje a la polinización de estos frutales.

“Comenzamos observando el paisaje agrícola mediante imágenes satelitales para conocer el uso de suelo. Luego seleccionamos al azar treinta puntos dentro y fuera del huerto para la instalación de trampas con el fin de colectar e identificar las abejas que visitan las flores y de dónde vienen: si son abejas provenientes de colmenas instaladas para polinización o son abejas nativas que llegan desde remanentes de vegetación nativa aledaña al predio agrícola”, detalla la investigadora.

Flores de almendro, la señal de partida


Pese a que la pandemia de Covid-19 obligó a realizar la primera fase del proyecto en forma remota, la naturaleza impuso el momento exacto para iniciar el trabajo en terreno. La señal fue la floración del almendro, que parte entre fines de agosto y principios de septiembre.

“El almendro es el primer cultivo que entra en floración en la temporada y al ser las temperaturas tan bajas, nos interesa saber cuál es el estado en el que llegan las colmenas y cuáles son las abejas que participan en su polinización, porque florece cuando las colmenas están recién saliendo del invierno”, aclara Laura Pérez.

La temperatura no es el único factor adverso para el comportamiento de los polinizadores en cultivos de almendro. Las investigadoras también consideran la escasez hídrica, los monocultivos o la presencia de plagas y enfermedades.

Rubén Rodríguez, técnico agrícola del fundo María Loreto Fernández, de Melipilla, indica que este proyecto es importante porque les permitirá obtener información y contar con datos respecto al comportamiento de los polinizadores, lo que facilitará la toma de decisiones futuras para el manejo del huerto y así lograr un entorno más amigable.

El proyecto, que se inició en 2020 y se prolongará hasta 2022, contempla entre sus resultados el diseño de protocolos de polinización para cada frutal estudiado junto a modelos de gestión ajustados a cada huerto. También se espera mejorar la provisión del servicio ecosistémico de polinización e incrementar el valor cultural y patrimonial de los huertos a través del rescate de flora nativa (ver recuadro). Desde mediados de septiembre el trabajo se ha replicado en los huertos de cerezos y en octubre se hará en los de palto, coincidiendo con los meses de floración de estos cultivos.

 

El aporte de las abejas nativas

“Usamos un sistema de monitoreo de trampas, colectando diariamente los insectos que caen y con esto podemos conocer si hay abejas nativas aportando en la polinización de los cultivos, cuáles son las familias que estarían participando y cuál sería su aporte versus Apis mellifera”.

Isabel Acuña, investigadora de Fraunhofer Chile.


Borde de plantas nativas

En una segunda parte del proyecto, personal de cada predio debe hacerse cargo de cercar un sector, plantar y regar especies de flores nativas como chilco, malva y mayú, entre otras. Con esto se busca lograr la conservación de nuestra flora y fauna y el aumento de polinizadores nativos en los sistemas agrícolas.

“En la próxima temporada de floración, debemos evaluar si efectivamente incrementó la población de abejas nativas en cada huerto por la incorporación de bordes florales nativos en su periferia”.

 Sharon Rodríguez, investigadora de Fraunhofer Chile y directora del proyecto.