Pese a que hoy se sabe que el riesgo de contraer el coronavirus a través de superficies inanimadas es muy bajo, se sigue insistiendo en la desinfección como método de prevención. En una columna de opinión publicada en la revista VAS 4.0, Pilar Parada, directora ejecutiva del Centro de Biotecnología de Sistemas de Fraunhofer Chile y presidenta de CeTA Alimentos utiliza este caso como un ejemplo de la importancia de hacer que el mundo no científico confíe y comprenda cómo avanza la ciencia.

La imagen del paño con alcohol o cloro diluido para desinfectar las compras del supermercado o lo que nos llega a la casa nos acompaña desde marzo de 2020. Sin embargo, en su editorial del pasado 2 de febrero, la prestigiosa revista científica Nature sorprendió, e incluso dejó una sensación de incertidumbre y desconfianza.

El editorial apunta a que ya en julio del 2020 en la revista The Lancet el profesor de Microbiología de la U. de Rutgers (EE.UU.) Emanuel Goldman, aclaraba que el riesgo de contraer el coronavirus a través de superficies inanimadas (fómites) es muy bajo y se había exagerado, pues publicaciones anteriores que indicaban que podría sobrevivir por horas e incluso días, se hicieron con cantidades de virus inmensamente mayores a las registradas en la realidad.

El texto evidencia que la ciencia es dinámica y que los principios que hace un año parecían certezas con la escasa evidencia que se tenía, hoy deben modificarse con los nuevos datos recopilados.

Pese a estos y otros hallazgos que reafirman lo mismo, agencias internacionales como la Organización Mundial de la Salud y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, de EEUU, insisten que es mejor asegurarse y seguir desinfectando superficies, aun cuando esto implica distraer recursos económicos y esfuerzos que podrían destinarse, por ejemplo, a intensificar acciones para reducir la transmisión por el aire, mediante el uso de mascarillas o mejoras en la ventilación.

Hoy más que nunca necesitamos mensajes claros y reacciones rápidas. El ejercicio del método científico se basa en establecer teorías que permitan avanzar en el conocimiento; no existen verdades absolutas, sino explicaciones basadas en datos reproducibles y demostrables que son ciertas, hasta que aparecen datos que demuestran algo distinto, y que permiten empujar un poco más la frontera del conocimiento.

Esto es precisamente lo que estamos viviendo con el COVID-19 en tiempo real y no debe producir desconfianza en la ciencia. Muy por el contrario, los científicos debemos divulgar que este es el mecanismo habitual de producción científica y que ahora se ha acelerado por la gran disponibilidad de recursos humanos y económicos alrededor del mundo.

Hoy desde la ciencia tenemos una tremenda oportunidad de hacer que el mundo no científico sea partícipe también de estos avances con confianza y comprensión.

Columna de Dra. Pilar Parada Directora Ejecutiva Centro de Biotecnología de Sistemas Fraunhofer Chile Presidenta CeTA